Vivimos en una época donde el cambio dejó de ser un acontecimiento extraordinario para convertirse en parte de la rutina. Las empresas cambian de estrategia, la tecnología transforma profesiones, aparecen nuevas formas de trabajar y las personas enfrentan desafíos personales y económicos que exigen adaptación constante.
En este escenario, existe una habilidad que diferencia a quienes logran avanzar de quienes quedan paralizados por la incertidumbre: la inteligencia emocional.

